Historias Chicas de Caracas: Cine Castellana por Don Eliseo

Ahhh… El Cine Castellana… Hace un pocotón de años, corrían los sesentas, todos los muchachos eran pelúos, en aquellos años les llamábamos “pavos”, el presidente recién electo era Raul Leoni y un refresco costaba medio (0.25 Bs) y con 5 Bs almorzabas bien en Los Hnos. Alvarez, un sabroso restauran del centro.

 

Por esos tiempos en donde Caracas era más tranquila no había mucho que hacer y a mí me encantaban las películas, así que un día me fui al Castellana a ver una de submarinos alemanes contra destructores americanos. Se llama algo como “El Zorro del mar”. Era buenísima!

Fui a la función de Matiné, (que era como llamábamos a las de las 3 pm), para que no me agarrara el sereno al salir de la función, nunca había ido a ese cine, pues queda muy lejos de acá de Catia de donde soy yo, en fin, llegué tempranito y faltando como una hora, me metí a la fuente de soda que quedaba allí mismo, se llamaba El Conuco, además aprovechaba de echarle un ojito al carro que dejé estacionado en la entrada del cine, en plena avenida Francisco de Miranda, no tenía isla entre los que iban y los que venían, y ni siquiera rayado. En esa época yo tenía un Studebaker  del 59.

Faltaba poquito para empezar la película así que compro mi entrada que costaba un Bolívar, la sala del cine era grandota y tenía patio y balcón.

Me siento y al comenzar la película saco todas las “gomitas”, cotufas, chocolates y maní “con concha” que me había comprado antes de entrar.

En las grandes butacas del cine se comenzaba a escuchar como el resto de los que estaban allí comenzaron a comer cotufas en sus bolsitas, porque las cotufas venían en bolsitas, no en cajas como ahora, y hasta tú le podías echar la cantidad de sal que quisieras.

Cuando apagaban las luces empezaba a funcionar el proyector con un documental que se llamaba “Viajando con Polar”, con hermosas imágenes de un pueblito venezolano con su folklore, costumbres y la maravillosa música que lo acompañaba, luego los “trailers” de estrenos por presentar que junto al crujir de las conchitas del maní, hacía un ambiente casi mágico.

La película era en blanco y negro obviamente, pocas eran a colores ni mucho menos en ¿cómo es que se llama? 3d o algo así que hay ahorita.

Todavía me acuerdo de esas películas en donde siempre los malos eran los alemanes o japoneses, al salir del cine Castellana me fui de nuevo a la fuente de soda en donde el portu que la atendía me quedó debiendo real y medio porque no tenía sencillo, salí de allí como siempre a comerme un perro caliente donde Filipo en la Plaza Altamira. Ese cine me encantaba, todos los miércoles estrenaban una película nueva, yo siempre estaba pendiente de los estrenos que se publicaban en El Universal, el cine era grandísimo y blanquito, tenía el nombre en la entrada, su forma era como un enorme cubo que se iba reduciendo cada cierto tramo, se veía como moderno! Los espacios eran generosos, amplios; los constructores no pichirreaban en materiales y comodidades.

No había tanto tráfico, los carros respetaban los cruces, semáforos y casi nadie se comía una flecha o tocaba compulsivamente la corneta; habían poquitas motos y muchas eran Vespas italianas. Caminábamos mas sosegados, sin tanto apuro, los anuncios luminosos ya eran bastantes y habían muchos postes de luz en las avenidas. ¡Éramos una ciudad moderna! Y el Ávila arriba, siempre allí, mirándonos y nosotros contemplándolo.

Hace no muchos años lo demolieron, después que pasó bastante tiempo abandonado, como negándose a desaparecer, contemplando una ciudad que crecía y se modernizaba pero olvidaba parte de su historia, cambiando su arquitectura poco a poco; Sabes, parte de la historia de Caracas se fue cuando lo derrumbaron, pero yo todavía lo recuerdo clarito.

Que Caracas aquella, la de mis tiempos…

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