El simbólico obelisco del este caraqueño

El simbólico obelisco del este caraqueño

El término griego obelisco hace referencia a un asta, espetón, asador o columna apuntada, en diminutivo. Son monumentos esbeltos de base cuadrangular parecidos a las columnas o pilares. Los componen cuatro caras iguales que van convergiendo hacia la cúspide, sobre la que yace una pequeña pieza piramidal llamada piramidión.

Los obeliscos son símbolos; emblemas heredados del antiguo Egipto. En esa época, eran construcciones monolíticas que necesitaban de un único bloque de piedra para su constitución. Implicaban a cientos de personas, tanto para ser tallados como para ser levantados, y, a diferencia de las pirámides, era posible su traslado.

Ahora bien, muchos son los significados que se les atribuyen. En la actualidad, se les han llegado a comparar con los menhires por su similitud, aunque estos últimos son menos trabajados. Se piensa que la razón de ser inicial de ambos estaba en el culto a las piedras alzadas, a las cuales se les rendía tributo para pedir por la fertilidad. Pero, también, las investigaciones han arrojado nuevas luces. Tanto los obeliscos como los menhires fueron utilizados como necrópolis. Es decir, la acumulación de los unos o de los otros reflejaban lo que, hoy en día, es un cementerio. Eran lápidas (siendo más específica); lugares sagrados que señalan las tumbas de los muertos. Es más: entre las definiciones que aparecen en El pequeño Larousse ilustrado (1997), está la acepción que se le da en imprenta. De acuerdo a este diccionario, un obelisco es ese “signo (†) que, colocado antes del nombre de una persona, significa <<difunto>>, y, antes de una fecha, la del año en que murió”.

Fuente: Teresita Gil

Fuente: Teresita Gil

En síntesis, eran lugares de culto para los antepasados y las divinidades. En el caso de los obeliscos, sin embargo, podría incluso afirmar que apuntaban más hacia lo segundo. Sus paredes contenían el nombre de quien lo había mandado a edificar, de la divinidad a quien era dedicado y el porqué de su construcción. Representaban estabilidad, virilidad (porque los relacionaban con el órgano sexual masculino), permanencia. Representaban la vida misma. Por esta razón, se cree que se alzaban en homenaje al dios solar Ra, a los rayos que de él emergían para fecundar la vida en la Tierra.

Con el pasar de los siglos, los obeliscos fueron adquiriendo un valor más conmemorativo. Ya no se edificaban como ofrenda para ninguna deidad, sino como recuerdo de algún personaje o suceso importante, o para decorar alguna plaza, por su altura y majestuosidad. En Venezuela, hay tres: en Barquisimeto, en Maracaibo y en Caracas.

El de Caracas se encuentra ubicado en la Plaza Francia de Altamira, al este de nuestra ciudad. Es símbolo del municipio Chacao; por lo que muy pocos caraqueños nunca lo han visto o han oído hablar acerca de él. Es un obelisco de casi 45 metros de altura apoyado sobre tres fuentes colocadas una sobre la otra. Lo adornan conchas marinas y posee una inscripción en su estructura en homenaje a Luis Roche, “por crear y embellecer para todos esta urbanización”. Porque Luis Roche fue un urbanista que adquirió una superficie de 110 hectáreas, hacia los años cuarenta, para erigir la que sería la primera urbanización de Caracas: Altamira. De esta forma, una zona agreste en la que se cultivaba café adquirió tintes más urbanos. Así nació la urbanización; así nació la plaza. Estos sucesos marcaron un hito en la expansión de la capital.

Fuente: Luis Chacín

Fuente: Luis Chacín

Finalmente, la Plaza Francia fue inaugurada en 1945. Su nombre actual, sin embargo, no era tal; fue apodada como Plaza Altamira. Este fue modificado en 1967 tras celebrarse un convenio entre Caracas y París. Entonces nació una Plaza Francia en Venezuela y, años posteriores, en 1975, una Plaza Venezuela en Francia. Es por eso que se incorporaría una obra del venezolano Carlos Cruz-Diez a la plaza francesa ese mismo año y, en 1989, una obra del francés Bernard Pages (conocida como La deliee) a la nuestra.

La Plaza Francia es un espacio de encuentro, de ocio. En ella tienen lugar, cada tanto, eventos culturales diversos. Lo que más llama la atención, por su monumental tamaño, es su obelisco: una obra disímil de los obeliscos egipcios por la naturaleza de su nacimiento, por el motivo que la engendró. Ya antes había mencionado que los egipcios, con estos monumentos, deseaban homenajear a una de sus mayores deidades. Pues bien, Luis Roche, por el contrario, deseaba crear un símbolo que sobrepasara la altura de la Catedral de Caracas, para que fuese el primero (de tales dimensiones) en el área metropolitana.

Son curiosas las ideas que corren en torno a su construcción. Algunos cuentan que el obelisco fue edificado con piedras bajadas de El Ávila. Aunque muy difícil de creer, resulta interesante, aun si solo lo tomamos como una ficción más. No importa; recreemos otra. El piramidión que se colocaba en la parte más alta de los obeliscos representaba el lugar en donde Ra se situaba para bañar a todos con su gracia. Era el “benben”: la conexión entre dos mundos (el cielo y la tierra). Ahora, ¿por qué no tomar el piramidión del obelisco de la Plaza Francia como el punto de unión entre nuestra ciudad y nuestra montaña? Porque le hace de fondo. Porque la montaña nos da vida. Porque los rayos solares de Ra caían sobre la tierra; y la energía de nuestro gran pulmón vegetal, sobre el caraqueño.

Después de todo, sin lugar a dudas, es el obelisco de la Plaza Francia un monumento que nos llena de buena vibra cuando lo vemos.

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