Caracas en el ensayo

Caracas en el ensayo

Tan entrañable como la ciudad de Caracas, es el carácter de los caraqueños, aunque sería imposible definir de una sola forma a cada uno de nosotros. Sin embargo, inevitablemente, a todos nos define lo que nos ha tocado vivir y experimentar en esta ciudad de acuerdo con la época en que nacimos y los sucesos y cambios que han ocurrido en cada generación de caraqueños. Es por esto que al leer a la ciudad de Caracas en el ensayo, y al caraqueño, como motivo central de reflexión en un texto, nos permite una experiencia interesante de lectura, que plantea los puntos de distancia y de comparación entre los habitantes de Caracas hace algunos años y quienes la habitamos hoy.

Las experiencias más generales para toda la población por la magnitud de su empresa como el proceso modernizador durante el siglo XX evidentemente marcaron algunos aspectos en las siguientes generaciones de caraqueños, que aun cuando pertenezcan a los espacios más disímiles, comparten al menos un rasgo de caracterización. Lo que distingue a cada escritor es precisamente la mirada y el nivel de profundidad con el que es capaz de expresar la realidad de su época y sus motivos para hacerlo.

Escritores e intelectuales como Rómulo Gallegos y Mariano Picón Salas dedicaron una enorme cantidad de contenido literario y ensayístico dedicado a pensar el país. Picón Salas particularmente dedicó un maravilloso trabajo a nuestra ciudad, conocido como “Caracas en cuatro tiempos”, perteneciente al libro Suma de Venezuela, una recopilación de ensayos sobre numerosas regiones de nuestro país. La Caracas en el ensayo de Mariano Picón Salas recoge el testimonio reflexivo, sagaz, intelectual y también un poco esperanzador del autor acerca de la Caracas en construcción de aquella época, y cómo esta confluye en ese momento con la ciudad provinciana que se planea dejar atrás.

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“Retrato de un caraqueño”, Mariano Picón Salas (1901-1965):

Así como los pintores flamencos destacaban en el marco de una vidriera gótica, con los árboles del campo y los torreones medievales al fondo, la silueta de los eclesiásticos, humanistas, príncipes o mercaderes, pudiéramos imaginar el retrato arquetípico de un caraqueño de hoy. Mientras escribo, con la ventana vierta, mirando y oyendo los autos que pasan por la avenida incesantemente ruidosa, observo, también, en la calle lateral un montículo de tierra removida (…) La tierra excavada se amontona a un extremo con la simetría de una pirámide egipcia. Las sombras del mediodía parecen abocetar el rostro de una esfinge invisible. Dentro de unos minutos habrá de reanudarse en todos los barrios de la ciudad el ruido de las palas mecánicas, la misma trituración o levitación de materiales. Nos cubrimos de polvo de las demoliciones; somos caballeros condecorados por el escombro, para que comience a levantarse –acaso más feliz– la Caracas del siglo XXI.

Y el retrato más peculiar de un caraqueño sería el del hombre que, sentado a su mesa de ingeniero, contempla desde la ventana “funcional” el paisaje de estructuras arquitectónicas inconclusas que tiene de fondo el per­fil de una caterpillar. Si el pintor que hiciera el retrato se inclinase al detallismo fantástico –a lo Brueghel el Viejo o a lo Jerónimo Bosch‑, habría que pintar como en otras bandas panorámicas las varias gentes que suben por las escaleras o están tocando a las o­ficinas.

El “Retrato de un caraqueño” que hace Mariano Picón Salas tiene un efecto caleidoscópico. Este ensayo retrata al individuo, a su vez se refleja en el espacio en el que éste se encuentra, y es el de una Caracas vibrante, ocupada, cubierta de polvo, pero siempre avistando un destino superior en el horizonte. Picón Salas en el siglo XX veía a la Caracas que estaba construyéndose. Hoy, los caraqueños esperamos ver una Caracas que se reconstruye a través del esfuerzo y la voluntad de hacer ciudad de quienes seguimos en ella y con ella en el corazón.

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